28 de agosto de 2015

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Iniciación en la cata de vinos.

Igual que una pintura, una escultura, un libro, una película o una canción, una copa de vino puede ser consumida, sin más, o se puede apreciar, disfrutar, profundizar en las texturas, los colores, las sensaciones, la elaboración y el resultado final de un proceso de creación que le ha dado una personalidad y un carácter. Pero, igual que ocurre al valorar una obra de arte, hay ciertos aspectos en los que tendremos que fijarnos para entender la calidad de lo que tenemos delante.

Con la práctica y ciertas pautas a seguir cada vez podremos entender y valorar más la creación artística. Seguramente nos llevaría años y años de estudio convertirnos en expertos en pintura flamenca, música soul o cine negro, por ejemplo, eso sin hablar de lo que supondría ser críticos de arte, cine o música en general. Pero podemos tener unas nociones básicas que nos ayuden a entender el arte. Y podemos tener esas nociones básicas a la hora de catar un vino. No hace falta convertirnos en sumillers para apreciar la riqueza de matices que se concentran en una copa de vino.

En una cata de vinos se trata de descubrir los sabores y diversos aromas que se esconden en la copa. Evidentemente, el paladar es una pieza básica dentro de este arte, pero no todo se construye en torno a él. La vista y el olfato también entran en juego a la hora de valorar un vino.

De hecho, estos sentidos son cruciales dentro de las tres fases que te proponemos como pasos básicos en una cata para iniciados en el tema:

  • Fase visual

    Cogemos la copa por la base, para evitar calentar el vino y observamos su color, que puede darnos pistas sobre su edad. Generalmente es joven cuanto más brillante y cereza  se muestra y con más crianza si tira a granate. Para valorar su graduación alcohólica mediremos su densidad moviendo suavemente el vino dentro de la copa y observaremos a qué velocidad caen las lágrimas de vino. Más densidad equivale a menor velocidad y ello a mayor graduación alcohólica.

  • Fase olfativa

    Acercamos la copa a la nariz para captar los aromas llamadosprimarios”, propios de la uva. Luego agitamos ligeramente la copa y para apreciar los “secundarios”, procedentes de la fermentación. Agitamos de nuevo para descubrir los “terciarios”, conocidos como bouquet, y que se forman durante la crianza del vino.

  • Fase gustativa

    Ésta es, lógicamente, la fase principal, aunque la reservemos para el final. Ahora es cuando probaremos el vino con un pequeño sorbo y lo moveremos para que recorra la cavidad bucal con la intención de apreciar sus sabores básicos: dulce, salado, ácido y amargo. Un vino redondo es aquel que consigue un equilibrio perfecto entre los cuatro.

Después intentaremos determinar la textura mediante el tacto apreciando su suavidad o rugosidad. La técnica retronasal consiste en, una vez bebido el vino, expulsar aire por la nariz para apreciar con mayor intensidad sus aromas.

Para terminar, nos fijaremos en qué final (ligero, intenso, ácido, no muy definido...) nos ha regalado el vino, teniendo en cuenta que para valorar basándonos en las sensaciones se requiere cierto entrenamiento. Al principio puede costar un poco apreciar y diferenciar todos estos matices pero, sin duda, con la práctica cada vez afloran con más naturalidad.

Aprender a valorar el vino es un arte. Igual que podemos admirar un Picasso en un museo, podemos apreciar distintos vinos en una cata organizada. Catas hay de muchos precios, dependiendo de los vinos que se vayan a utilizar, claro está. Aunque se pueden encontrar catas de vino desde 25€, que suelen durar entre 2 y 3 horas y que pueden llegar a incluir la degustación de 5 o más vinos diferentes. Una buena idea puede ser participar en una carta con maridaje, es decir, en la que se combina la degustación de vinos y la gastronomía. Sin duda, una gran opción para adentrarse en el fascinante mundo de la cata. Y el mejor consejo para disfrutar del vino: mejor si se consume con moderación y en buena compañía.

Foto: Freepik.

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