2 de marzo de 2018

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Italia, nuevas elecciones en un país con limitadas expectativas económicas

El próximo domingo se celebran elecciones en Italia, las primeras bajo la nueva ley electoral. Sin embargo, la cercanía de las elecciones apenas se ha dejado sentir en los mercados. La prima de riesgo italiana ha subido, pero sigue estando en torno a los 135 puntos básicos, reflejo de que los inversores no ven con excesiva preocupación la cita electoral. Algo sorprendente si tenemos en cuenta: i) la actual situación de la economía italiana, que pese a la recuperación, sigue mostrando unas cifras de crecimiento mucho más bajas de la media europea y ii) la tradicional fragmentación política en Italia, que en el pasado ha conducido a mucha inestabilidad en el país, y sobre todo, ha impedido el avance de las reformas y iii) los miedos que durante la primavera de 2017 generaron las elecciones en otro gran país europeo, Francia.

Empezando por la situación económica, Italia cerró el año 2017 con un crecimiento del 1,6%, es decir, con una cierta aceleración del crecimiento, pero con cifras muy por debajo del 2,3% de media de la zona euro (y del 3,1% de España). El problema fundamental es que la actividad crece pero básicamente por motivos externos (la recuperación de la demanda exterior, el apoyo del BCE, la debilidad del euro, etc), mientras que persisten importantes problemas estructurales que impiden mejorar el potencial de crecimiento a medio plazo. De ahí el descontento de la población italiana. Uno de los factores de mayor descontento es la situación del mercado de trabajo. La reforma de Renzi de 2014 introdujo una mayor flexibilidad en las condiciones de contratación y despido, pero la misma está en entredicho, y apenas se ha avanzado en los programas de formación para el empleo. Además, la productividad es muy baja, la renta disponible de las familias y las condiciones de vida están muy lejos de los niveles pre-crisis, la reforma de la Administración Pública sigue pendiente, el sistema judicial es claramente ineficiente, el sector bancario sigue con su reestructuración, y apenas se ha avanzado en la liberalización sectorial. Como resultado, el PIB italiano se sitúa actualmente un 9% por debajo de los niveles pre-crisis, y el ciudadano medio gana mucho menos de lo que ganaba los últimos 20 años.

Sin un gobierno estable, es muy difícil que se pueda avanzar en estas reformas estructurales. No hay que olvidar además el elevado endeudamiento del sector público (132% del PIB), que si bien apenas ha crecido en los últimos años (algo que sí ha ocurrido en otros países de la periferia, como España), sigue siendo el segundo más alto de la Eurozona, tras Grecia. Un cambio en la política del BCE podría dificultar la financiación de este déficit. 

En este contexto económico, los italianos se enfrentan este domingo a unas elecciones muy reñidas, bajo el nuevo sistema electoral mixto, conocido como Rosatellum, por el cual un 36% de los escaños del Congreso y el Senado (232 de los 630 del Congreso y 116 de los 315 del Senado) se asignan por el sistema por mayoría simple (el candidato que obtiene más votos en una jurisdicción se lleva todos los votos de la misma), y el otro 64%, vía un sistema proporcional que sólo permite obtener un escaño si se consigue al menos un 3% de los votos (10% en el caso de coaliciones, si bien un partido tiene que haber conseguido al menos un 1% de los votos para poder participar en una coalición). Bajo el nuevo sistema, los candidatos con más popularidad a nivel local se verían favorecidos en el primer tramo del 36%, y la formación de coaliciones lo haría en el 64% restante. Según todos los analistas, el principal perdedor de este nuevo sistema electoral sería el Movimiento 5 Estrellas, que pese a tener según las últimas encuestas hasta un 25% de intención de voto, se vería penalizado por su menor presencia local, con candidatos menos conocidos, y el hecho de que actualmente no gobierna en coalición en ninguna jurisdicción.

En cuanto a los posibles resultados, ninguna de las posibilidades que manejan actualmente los analistas implicaría avances importantes en las reformas pendientes. Para los analistas de Deutsche Bank, el escenario más probable sería un gobierno de gran coalición (55% de probabilidad), formado por el centro-derecha Forza Italia (con Berlusconi a la cabeza), el centro izquierda Partido Democrático (del actual gobierno), y algunos partidos centristas. Aunque este resultado podría ser bien recibido por los inversores (pues supondría mantener el actual status quo), sería poco positivo a medio plazo para la economía, dadas las discrepancias en la coalición de gobierno. El segundo escenario más probable (30%) sería una coalición de gobierno de centro derecha, compuesta por Forza Italia, la Liga Norte (y su líder Matteo Salvini), y los ultraderechistas Hermanos de Italia (con Giorgia Meloni a la cabeza). En este caso, podría haber una reacción inicial positiva en las bolsas, por sus promesas de expansión fiscal, pero con pocos signos de pervivir dado que pone en cuestión la sostenibilidad de las cuentas públicas. Tampoco en este caso se esperarían avances en las reformas. Por último, todos los analistas, incluido los de Deutsche Bank, asignan una probabilidad muy baja de que llegue al gobierno el Movimiento Cinco Estrellas. Es poco probable además que consiguiera una coalición con la Liga Norte, pese a que ambos muestran un cierto euroescepticismo.

El posible resultado es tan complejo que incluso no se descarta que tengan que realizarse nuevas elecciones, algo que a priori no sería bien recibido por los inversores, pero que a la postre, podría obligar a todos los partidos a buscar coaliciones estables de gobierno. El desenlace, este domingo 4 de marzo.

Disclaimer: Centro de Inversiones DB: Rosa Duce
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