3 de noviembre de 2016

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Elecciones USA

Nos acercamos a una fecha clave para la economía mundial: el 8 de noviembre los electores de EEUU elegirán un nuevo presidente del país. La elección implicaría apostar por el continuismo, con Clinton como presidenta, o por un cambio disruptivo, con Trump. De momento, parece que Hillary Clinton lidera las encuestas. Pero incluso en el caso de que Trump llegue a la presidencia, probablemente no veamos tantos cambios como nos tememos. La razón, el propio sistema político americano, vigente desde 1787, y que se basa en un equilibrio entre los tres ejes del poder: la Casa Blanca, el Congreso (formado por la Cámara de Representantes y el Senado), y el Tribunal Supremo. Un sistema que permite, por ejemplo, que el presidente del país vete una iniciativa del Congreso; y a su vez que el Supremo puede declarar anticonstitucional un decreto presidencial, y que el Congreso tenga la capacidad de hacer un proceso de recusación del propio presidente.

Con esto en la cabeza, tan importante en las elecciones del próximo 8 de noviembre es quién será el nuevo inquilino de la Casa Blanca como quién conseguirá el control de las dos Cámaras del Congreso. Actualmente, los republicanos controlan ampliamente la  Cámara de Representantes (247 de los 435 escaños, es decir, mucho más que los 218 escaños necesarios para la mayoría) y marginalmente el Senado (54 de 100 escaños), lo que implica que muchas de las propuestas de Obama se han quedado en el tintero.

En las próximas elecciones de noviembre, se renovará un tercio del Senado (34 escaños, 10 de ellos actualmente en manos del partido demócrata, y otros 24 en manos republicanas) y la totalidad de los escaños de la Cámara de Representantes. ¿Qué ocurrirá si se cumplen las encuestas y Clinton consigue la presidencia, y también los demócratas se hacen con el Senado? Pues que incluso así seguiríamos teniendo un gobierno con poca capacidad de maniobra, si, como se espera, la Cámara de Representantes se mantiene en manos republicanas. Por tanto, es cierto que nos jugamos mucho en las próximas presidenciales de EEUU, pero en la práctica, probablemente los cambios, incluso bajo la presidencia de Trump, no serán tan acusados como parecen.

¿Qué hitos tenemos que mirar ahora?

La carrera hacia la Casa Blanca es una carrera larga, que empieza más de un año y medio antes de la fecha de las elecciones. Para poder aspirar a ser presidente de los EEUU, los candidatos tienen que cumplir tres criterios indispensables: i) ser nacido en EEUU, ii) ser mayor de 35 años y iii) haber residido en el país al menos en los últimos 14 años.

Los candidatos han de pasar primero la criba de las primarias a nivel estatal. Para ello, los miembros de cada uno de los partidos eligen a un delegado, que se batirá con el resto de aspirantes tanto a nivel estatal como, a nivel nacional. Es en la convención nacional de cada partido donde se elige el candidato a la presidencia. En la misma se establece también quien acompañará a cada candidato como vicepresidente en la carrera hacia la Casa Blanca.

Durante la campaña electoral, son hitos relevantes los debates entre los dos candidatos a la presidencia (se han realizado tres, los días 4, 9 y 19 de octubre). El objetivo de los mismos es intentar cambiar el voto de los Estados que tradicionalmente no tienen una mayoría ni demócrata ni republicana (como Pennsylvania, Ohio o Florida).

Para llegar a la presidencia se necesita tener una mayoría de 270 electores dentro de los 538 existentes en el Colegio Electoral. El número de electores de cada Estado en dicho Colegio se determina según el censo de población del mismo. De los 50 estados, 48 usan la opción de que el ganador se lleva todo, es decir, que el candidato que obtenga más votos se lleva todos los Electores del Estado. Finalizada la votación, el Colegio de Electores elige el nuevo presidente, justo 41 días después del 8 de noviembre. El nuevo presidente jura su cargo tradicionalmente en el Capitolio a las 12.00 h. del día 20 de enero. Ese día, ya tendremos nuevo presidente.

Rosa Duce,  Economista Jefe de Deutsche Bank.

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