25 de enero de 2019

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El euro cumple 20 años en el mercado

El uno de enero de 1999 los mercados financieros empezaron a operar electrónicamente con euros, aunque las monedas y los billetes físicos no aterrizarían en nuestros bolsillos hasta tres años después. La moneda comunitaria se ha convertido en la divisa oficial de 19 países y se utiliza en más de un tercio de los pagos mundiales.

La historia del euro está ligada al número nueve. En 1969, la Comisión Europea impulsó, por primera vez, la creación de una moneda común; en 1979, se puso en marcha el Sistema Monetario Europeo y se estableció el ECU como el embrión de una divisa comunitaria;  en 1989, el presidente de la Comisión, Jacques Delors, presentó un informe con las tres fases: integración económica y financiera, política exterior común y coordinación a nivel judicial y policial que después se cumplieron para crear el euro y las instituciones que la sostendrían; y por fin, en 1999, y al amparo del informe de Delors y del posterior Tratado de Maastricht, el euro se estrenó en los mercados financieros.

¿Por qué se luchó tanto y durante tantas décadas por una moneda común? Porque era un símbolo incontestable de unidad para el mundo y un pilar esencial para avanzar en la integración del proyecto de integración europeo. Podía multiplicar los intercambios comerciales y financieros y, por supuesto, motivar nuevos pasos hacia más coordinación política. De hecho, una de las principales debilidades del diseño original de la moneda fue que algunos de sus arquitectos asumieron que los pasos hacia la unión fiscal y bancaria que necesitaba para funcionar correctamente se producirían más rápido. Por desgracia, la última crisis de deuda soberana los sorprendió con esos deberes a medio hacer.

Inicialmente, en 1999, el euro era una moneda electrónica que no reemplazó las divisas nacionales. La sustitución se produjo el uno de enero de 2002, que es cuando Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal la abrazaron como su única moneda oficial. Después, hicieron lo mismo Eslovenia, Malta, Chipre, Eslovaquia, Estonia, Letonia y Lituania. Grecia fue un caso un poco especial, porque se unió a la eurozona en 2001 y, por eso, no se la suele mencionar entre los estados fundadores.

Se pueden distinguir tres períodos muy diferenciados en la vida del euro en el mercado. El primero, desde 1999 hasta 2009, destacó por la impresionante integración financiera que ayudó a impulsar el crecimiento coordinado de los países de la eurozona; el segundo, desde 2010 hasta 2012, incluyó una crisis de deuda soberana que puso en peligro el futuro de la divisa y animó el despliegue de nuevas instituciones para defenderla; por fin, el tercer período, de 2013 en adelante, viene marcado por la estabilización tras la crisis y la negociación y el debate de unas reformas (como la creación de un Fondo Monetario Europeo o un Ministerio de Economía y Finanzas común) que hagan más fuerte la moneda.

Los retos de las reformas son considerables. Al fin y al cabo, la eurozona sigue siendo un club con miembros muy diversos económicamente y es difícil ajustar la evolución de una sola moneda a las necesidades de todos. Por otro lado, han surgido discrepancias sobre si existe apoyo suficiente entre la población de los países para un nuevo avance en la integración que, además, afecte a algo tan sensible para la soberanía nacional como la política fiscal.

Los éxitos de la divisa comunitaria pesan más que el crudo recuerdo de la crisis o las reformas y desafíos pendientes. Según el Eurobarómetro de octubre, el 64% de los ciudadanos de la eurozona cree que el euro es bueno para su país, la misma proporción que el año pasado y la cifra más alta desde que empezaron los sondeos en 2002. Además, sigue habiendo países (Bulgaria, Rumanía y Croacia) que están intentando cumplir duros requisitos para entrar a formar parte de la eurozona.

Las cifras del éxito de los primeros veinte años de vida del euro son contundentes. Se ha convertido en la segunda divisa más utilizada del mundo después del dólar estadounidense, se emplea en el 36% de las transacciones internacionales y representa el 20% de todas las reservas de los bancos centrales del planeta en moneda extranjera. El billete verde americano es más poderoso, pero también mucho más antiguo: son más de 100 años frente a las apenas dos décadas de la moneda comunitaria, que ya es la única oficial para 340 millones de personas.  

En resumen, han pasado 20 años desde que tenemos en nuestros bolsillos monedas y billetes de euro. No ha sido un camino fácil, pero pese a los altibajos, podemos decir que ha sido exitoso.

Disclaimer: La información suministrada en este documento está basada en criterios objetivos e información fiable, pero no constituye oferta, ni solicitud para comprar o vender productos financieros, quedando la opinión expresada en la fecha de emisión del análisis, sujeta a cambios experimentados por los mercados. Deutsche Bank no se responsabiliza de la toma de decisiones que se fundamenten en esta información.
Fuentes: Committee for the study of economic and monetary union, European Commission y elaboración propia.
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