14 de junio de 2016

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Alpha y Beta, dos conceptos importantes para evaluar un fondo

En el mundo en el que vivimos, los retos geopolíticos, el precio del petróleo, la paridad del euro con respecto al dólar, la cotización de las materias primas, la inflación y las decisiones del Banco Central Europeo (BCE) o de la FED norteamericana influyen en las bolsas, y también en la renta fija. Todos estos factores influyen en el mercado, en ocasiones positivamente y otras negativamente, pero lo cierto es que pueden suponer que, en una misma sesión bursátil, un valor o índice pueda subir y bajar en poco tiempo. Para escoger un fondo de inversión adecuado, hay que tener en cuenta una serie de factores, en este artículo vamos a explicar dos de ellos: el alpha y la beta de un fondo.

La beta es la sensibilidad de un fondo a los movimientos del mercado de referencia, mientras que el alpha va un paso más allá e indica la rentabilidad extra que el gestor es capaz de ofrecer independientemente del índice de referencia. Así, por ejemplo, si hablamos de un fondo de renta variable española, su índice de comparación natural o índice de referencia sería el Ibex 35; si fuera un fondo de renta variable americana el más habitual sería el S&P500, pero hay muchos índices con distintas connotaciones en cuanto al estilo de gestión y áreas geográficas que los componen. Con el alpha valoramos la habilidad del gestor del fondo: si el alpha es positivo entendemos que el gestor ha aportado valor, obteniendo una rentabilidad independiente de la aportada por el mercado de referencia de ese fondo.

Pongamos un ejemplo: si un fondo tiene una beta de 1,2, y un alpha de 0, en un mercado alcista donde el índice de referencia obtiene en un año un 10% de rentabilidad, el fondo habría obtenido un 12%. Sin embargo si el mercado es bajista y cae un -10%, el fondo de la misma manera sufriría cayendo un -12%.

Sin embargo, imaginemos ahora que el fondo tiene una beta de 0,8 y un alpha de 3%. Si su mercado de referencia sube un 10%, el fondo subirá por la beta un 8%. A esto, añadiremos el 3% de rentabilidad del alpha, por lo que obtendría un total de un 11%. En un mercado bajista, que cayera por ejemplo un -10%,  por la beta el fondo caería un 8%, pero se vería amortiguado por el alpha de 3%, cerrando con una caída de tan sólo un -5%. Ahí es donde vemos que el gestor del fondo ha aportado valor de forma independiente al comportamiento del mercado de referencia.

Lógicamente, los cálculos del alpha y la beta siempre se realizan con datos históricos, pero en un fondo con suficiente historia y con un gestor estable estos ratios nos pueden ayudar a valorar el fondo con bastante precisión. Ahora bien, siempre debemos tener presente que los ratios no son estáticos sino que varían a lo largo del tiempo.

Existe un tipo de instrumento similar a los fondos pero con connotaciones ligeramente distintas. Se trata de las ETFs, o fondos cotizados. Las ETFs replican la evolución de un índice concreto (también en renta fija). Esto quiere decir que la beta será de 1 y que el Alpha será cero. Es decir, no existe gestión activa. Otra diferencia importante es que al estar cotizados están dentro del mercado continuo y se pueden comprar y vender dentro de la misma sesión.

Queda claro que lo que le interesa más al inversor es un ratio alpha positivo, es decir, el mayor retorno independiente del mercado que pueda añadir el gestor. Cuando el mercado ofrece rentabilidades positivas, una beta alta añadiría una rentabilidad interesante, pero también hay que tener en cuenta que a la baja estaría más castigado.

 

 

Disclaimer: La información contenida en este documento no debe considerarse como asesoramiento de inversión y sólo describe las características de productos. Las decisiones de inversión se deben basar en el folleto completo o simplificado de venta. El folleto de venta contiene información detallada de los posibles riesgos. Antes de realizar una inversión consulte con su gestor.
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