El estrecho de Ormuz es uno de los pasos marítimos más importantes del mundo para el comercio energético. Situado entre Irán y Omán, conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Su relevancia económica se debe a que por esta vía transita una parte muy significativa del petróleo y del gas natural licuado que llega a los mercados internacionales.
Según la Agencia Internacional de la Energía, en 2025 pasaron por este estrecho alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados, cerca del 25% del comercio marítimo mundial de petróleo.
Por este motivo, cualquier tensión militar, bloqueo parcial o interrupción del tráfico marítimo en la zona puede generar preocupación en los mercados. No se trata solo de un asunto regional: el estrecho de Ormuz funciona como un punto de conexión entre productores, consumidores, navieras, aseguradoras, industrias y hogares de distintas partes del mundo.
El estrecho de Ormuz es un canal marítimo relativamente estrecho, pero estratégico. En su punto más angosto, tiene unas 29 millas náuticas de ancho y dispone de canales navegables separados para la entrada y salida de buques.
Su importancia se explica por la concentración de exportaciones energéticas procedentes del golfo Pérsico. Países productores de la región utilizan esta ruta para enviar petróleo, productos refinados y gas natural licuado a distintos mercados.
En la primera mitad de 2025 transitaron por Ormuz 20,9 millones de barriles diarios de crudo y líquidos petrolíferos, una cifra que lo sitúa entre los principales cuellos de botella energéticos del mundo.
Cuando una ruta clave para el suministro energético se ve afectada, los mercados suelen reaccionar por la incertidumbre sobre la disponibilidad futura de petróleo, gas o productos derivados. Si los buques no pueden transitar con normalidad, pueden producirse retrasos, mayores costes de transporte, primas de seguro más elevadas o necesidad de buscar rutas alternativas.
La incapacidad de transitar por un gran cuello de botella, incluso de forma temporal, puede generar retrasos importantes en el suministro de energía y aumentar los costes de transporte. En la mayoría de los casos, estos costes suelen trasladarse a los precios de la energía.
Además, las alternativas para evitar el estrecho son limitadas, aunque existen algunas infraestructuras de oleoductos en la región. Por ello, el grado de impacto económico depende de la duración de la disrupción y de la capacidad de adaptación del mercado.
El impacto económico de una crisis en el estrecho de Ormuz no se limita al precio del petróleo. La energía es un coste transversal para muchas actividades: transporte, logística, industria, agricultura, comercio internacional y producción de bienes.
Si los precios energéticos aumentan de forma persistente, las empresas pueden afrontar mayores costes operativos. Esto puede afectar al transporte de mercancías, a la producción industrial o al coste de determinados insumos.
El canal de transmisión hacia la inflación suele ser muy rápido, vía mayores precios de la energía, pero el coste económico final depende realmente del tiempo en el que se mantengan estos altos costes, pues a la postre, se terminarán por extender al resto de los sectores. Por eso no es lo mismo una disrupción temporal, en el que la inflación forma puntual, pero los efectos de segunda oleada (en otros sectores) son limitados, que una disrupción prolongada, que termina por general un shock inflacionista a más largo plazo, con un mayor coste económico.
El estrecho de Ormuz también es relevante para las cadenas de suministro globales. Aunque su papel principal está vinculado a la energía, las interrupciones marítimas pueden afectar a la planificación logística, a los tiempos de entrega y a los costes de transporte.
Cuando una ruta marítima estratégica presenta riesgos, las navieras, aseguradoras y empresas importadoras pueden ajustar sus operaciones. Esto puede traducirse en mayores primas de riesgo, cambios en rutas (generalmente más largas y por lo tanto más costosas), retrasos en entregas o acumulación preventiva de inventarios.
Cuanto más prolongada sea una interrupción, mayor puede ser su efecto sobre el comercio internacional y sobre los costes asociados a la cadena logística.
Además del petróleo, el estrecho de Ormuz es importante para el gas natural licuado (GNL). Una interrupción en esta zona tendría implicaciones relevantes para el comercio global de gas, ya que una parte significativa de las exportaciones de GNL de Qatar y Emiratos Árabes Unidos transita por esta vía.
El impacto puede ser especialmente relevante para economías importadoras de energía, en particular en Asia. Una parte mayoritaria del petróleo que sale por Ormuz tiene como destino países asiáticos, con China, India y Japón entre los principales importadores.
La relevancia del estrecho no se limita al petróleo: también afecta a otros flujos energéticos esenciales para la economía global.
Aunque el estrecho de Ormuz es un punto crítico, su impacto económico no depende de un único factor. La evolución de los precios energéticos puede verse influida por la duración del conflicto, el nivel de tráfico marítimo, la capacidad de rutas alternativas, las reservas disponibles, la respuesta de productores y consumidores, y el contexto macroeconómico global. La situación financiera de los gobiernos también es importante, dado que, si el país tiene unas finanzas públicas saneadas, es más fácil poner en marcha medidas de ayuda para paliar los efectos negativos del encarecimiento de la energía sobre las empresas y las familias.
Por lo tanto, no resulta prudente extraer conclusiones automáticas ni anticipar escenarios económicos sin datos actualizados y contrastados. En un entorno de incertidumbre, el análisis debe apoyarse en fuentes verificadas y diferenciar entre hechos confirmados, riesgos potenciales y previsiones.
El estrecho de Ormuz es una infraestructura natural clave para la economía global por su papel en el comercio de petróleo y gas natural licuado. Las tensiones o interrupciones en esta zona pueden afectar a los precios energéticos, los costes de transporte, la inflación y las cadenas de suministro.
Su importancia económica no radica únicamente en el volumen de energía que transita por el estrecho, sino en su papel como punto crítico dentro de un sistema global altamente interconectado. Analizar sus implicaciones exige mantener un enfoque prudente, basado en datos verificados y sin atribuir conclusiones políticas o financieras que no estén respaldadas por fuentes fiables.
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