Tiempos turbulentos; mercados resilientes hasta el momento.
Los inversores se enfrentan a una aparente paradoja: a pesar de los riesgos geopolíticos, las crecientes preocupaciones inflacionistas y la amenaza de una crisis energética global, las bolsas han demostrado ser resilientes -al menos hasta la fecha-. Esto a pesar de la importante carga que el conflicto de Irán -y, en particular, su impacto en el tráfico de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz- está imponiendo a la economía global y la consiguiente caída de las expectativas de crecimiento económico. Existe una explicación sencilla para esta paradoja: los mercados siempre miran hacia delante. Y la mayoría de los inversores, incluidos nosotros, anticipa algún tipo de resolución del conflicto con Irán en un futuro previsible: esperamos que el estrecho de Ormuz se reabra al menos parcialmente al tráfico marítimo a mediados de año. Por ello, los mercados están valorando actualmente un precio del crudo Brent de alrededor de 85 USD/barril en diciembre de 2026, significativamente por debajo de los niveles actuales. La relajación de los mercados energéticos, combinada con unas políticas fiscales todavía expansivas, debería ayudar a evitar una recesión en EEUU y Europa, aunque no resolverá otros problemas subyacentes de crecimiento. No obstante, siguen existiendo riesgos claros para el crecimiento y los mercados si el conflicto continúa e impide la reanudación de los flujos energéticos tras el verano.
Este optimismo prudente sobre una eventual resolución del conflicto se ha reflejado en los movimientos recientes de los mercados de renta variable, aunque con variaciones regionales. Mientras que los sectores intensivos en energía y los valores cíclicos han estado bajo presión, las acciones de energía y tecnología (en particular las relacionadas con la IA) han superado en general al mercado. El aumento de las expectativas de beneficios también está aportando un impulso positivo. El entorno seguirá siendo volátil, pero seguimos esperando nuevas ganancias en los próximos 12 meses, lo que creará oportunidades. En el sector de la tecnología, nos centramos en el hardware. En el sector de la energía, miramos a través de toda la cadena de valor (generación, transmisión y almacenamiento de energía). Es probable que las acciones cíclicas sólo vuelvan a ser objeto de atención una vez que mejore la situación en el estrecho de Ormuz. También vemos potencial en los bonos de alta calidad, en un entorno de rendimientos a la baja. El oro, como diversificador de carteras, debería seguir siendo objeto de demanda, y su atractivo también se verá reforzado por las políticas fiscales expansivas y el aumento de la deuda pública.
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