22 de abril de 2020

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Crisis sanitaria: actualización de previsiones

La pandemia mundial sigue, y los efectos económicos de la misma son ya evidentes. Aunque los últimos datos sobre la evolución de la enfermedad son algo más alentadores, y muchos países han iniciado ya el proceso de salida paulatina del confinamiento, los datos confirman lo que habíamos anticipado: la economía mundial sufrirá en 2020 la mayor recesión de los últimos 70 años

Se ratifica también que España será uno de los países europeos más afectados por esta pandemia. Según las estimaciones del FMI, nuestra economía sufrirá un retroceso del -8% en 2020, una cifra cercana a las estimaciones de nuestros analistas del -8,7%. El FMI espera, eso sí, que nuestra economía se recupere en 2021, con un crecimiento previsto del 4,3% (4,5% según nuestros analistas). También las últimas estimaciones del Banco de España van en esta línea. Según sus cálculos, el fuerte peso del sector servicios en nuestra economía provocará una fuerte contracción de la actividad en 2020, con una caída prevista del PIB, dependiendo del escenario, entre el -6,6% (en el escenario más favorable) y el -13,6% (en el más desfavorable).

Se intensifican las medidas de apoyo monetarias y fiscales.

Para combatir los costes de la recesión se han introducido ingentes medidas monetarias y fiscales. Empezando por los bancos centrales, el volumen de liquidez aprobado hasta el momento en los países del G10 supera los 2,7 bn. de dólares, y dos tercios de dicha cantidad los ha movilizado la Reserva Federal (Fed) de EE.UU. De hecho, el pasado 9 de abril la Fed anunciaba un nuevo programa de compra de bonos y préstamos que suman a los ya aprobados anteriores. Por primera vez, éste incluye entre sus medidas la posible compra de activos de los llamados “ángeles caídos” (fallen angels), es decir, empresas que hasta hace unas semanas estaban incluidas dentro del universo Grado de Inversión y que han sufrido una rebaja de rating que les ha llevado al tramo High Yield (o bono basura). Con esto la Fed quiere ayudar a un tramo de mercado que ha sufrido mucho en las últimas semanas.

Por su parte, el BCE mantiene su programa de compra de deuda especial para la pandemia, en el que se incluye deuda pública y corporativa y donde se han eliminado gran parte de los condicionantes existentes en los programas anteriores. A saber: los límites de compra relacionados con el peso de cada país en el balance del BCE (lo que permite un mayor sesgo hacia países periféricos), el límite de no comprar más del 30% de la deuda viva de un solo país o la posibilidad de comprar bonos de Grecia, por debajo del umbral de grado de inversión. Esto último es clave, dado que el gran temor de los mercados es que las agencias de rating rebajen la calificación crediticia de la deuda de países como Italia (que ya está en el último escalón del grado de inversión por parte de Moodys) o España.

Grafico: balance de los bancos centrales G10 + BRIC (Brasil, Rusia, India y China), bn. dólares

Fuente: Deutsche Bank Global Markets, datos a 17 de abril.


En cuanto a las medidas fiscales, han ido mucho más allá de los habituales “estabilizadores automáticos” (incremento de las prestaciones de desempleo, caída en los ingresos impositivos, más gasto en transferencias). Se han concentrado mayoritariamente en facilitar el acceso al crédito a empresas y familias, especialmente las más vulnerables, moratorias de pagos de impuestos y alquileres, ayudas directas a las familias, acceso al desempleo (incluso pese a que no se tenga derecho a la prestación), etc. En EE.UU., aunque la Administración Trump tardó en reconocer la magnitud de la pandemia, ha sido muy rápida a la hora de tomar medidas de estímulo, con tres paquetes fiscales ya aprobados y un cuarto en camino.

En Europa, y a la espera de la reunión del Eurogrupo del día 23 de abril, se ha aprobado con muchas dificultades una batería de medidas fiscales articuladas en tres programas:

  • i. el programa SURE, o programa para el aseguramiento del empleo, dotado con 100.000 mn. de euros
  • ii. 200.000 mn. de euros en garantías crediticias a través del Banco Europeo de Inversiones (BEI), para préstamos a pequeñas y medianas empresas y
  • iii. 240.000 mn. de euros de financiación a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad. En la reunión del 23 de abril se debe además avanzar en el llamado fondo de reconstrucción europeo, cuya finalidad debe ser ayudar a los países a volver a la senda de crecimiento

Consecuencias: crece el déficit y la deuda

La consecuencia evidente de estas fuertes medidas de apoyo económico es el incremento del déficit y la deuda. En el caso de EE.UU., donde las medidas han sido mucho más agresivas, el déficit podría escalar en 2020 hasta el 20% del PIB, frente al déficit del 5% con el que se habría cerrado 2019. En el caso de la Eurozona, el déficit conjunto de los 4 mayores países subiría hasta el 10% del PIB (frente al 1% de 2019). Hay que tener en cuenta que la situación de partida en cuanto a niveles de endeudamiento de la zona euro es bastante peor, con los países más castigados por la epidemia (Italia y España) con niveles de deuda/PIB elevados ya antes de la pandemia (cerca del 100% en el caso de España, y del 130% del PIB en el caso de Italia). Se espera en media la deuda del conjunto de la Unión Europea suba en 2020 hasta el 113%, frente al 95% con el que terminó 2019. No es extraño que dentro del seno de la UE haya fuertes discrepancias sobre quien ha de soportar el coste de esta expansión fiscal.


Saldremos, pero con cambios importantes

Durante la última semana han sido numerosos los gobiernos que empiezan a hablar de des-escalada de las medidas de confinamiento. No obstante, la vuelta a la normalidad será progresiva por lo que, en el mejor de los casos, y si no se produce una segunda ola de contagios, tardaremos meses en recuperar la normalidad.

Puede que el mundo después del COVID-19 no sea radicalmente diferente del actual, pero seguro que no volverá a ser el mismo. Desde el punto de vista político, la crisis ha demostrado los problemas para conseguir acuerdos supranacionales, sobre todo en el caso de la UE en lo económico, pero también a nivel mundial a la hora de coordinar la respuesta sanitaria a la pandemia, con el cuestionamiento incluso de la actuación de la Organización Mundial de la Salud. De cara a futuras pandemias, es necesaria una mayor coordinación. La crisis sanitaria además ha intensificado el fuerte intervencionismo de las autoridades económicas y monetarias en los mercados, existente ya desde a crisis financiera. Cuanto más dure la crisis, más durará la adicción de los mercados a dichas medidas de apoyo, y más difícil será retirar las mismas. Por último, la crisis puede provocar un cambio en el proceso de producción, con tendencia a diversificar las fuentes de producción por un lado (para evitar los problemas de suministro que existieron al inicio de la pandemia con China), y por otro, a una mayor tendencia a la producción en el propio país (lo que supondría también un incremento de los costes de producción y por lo tanto, menos beneficios).


Visión de mercado

En las últimas semanas hemos visto cierta estabilización en los mercados. Las noticias en la reducción en el crecimiento de contagios y fallecimientos causados por la pandemia, unido a las medidas tomadas por los gobiernos y bancos centrales, han pesado más que los malos datos económicos o las previsiones a futuro sobre los efectos económicos de la pandemia. Parece claro que los mercados están descontando un escenario positivo en 2021, con una economía ya recuperada, al tiempo que están relegando a un segundo plano las consecuencias negativas a corto plazo de la pandemia. Es razonable esperar un flujo incierto de noticias en las próximas semanas, como recientemente hemos visto las tensiones en el precio del crudo, como una muestra más de las consecuencias laterales de esta crisis sanitaria. Por lo tanto, seguimos recomendando cautela en las decisiones de inversión, máxime después de la recuperación tan rápida que ha habido. Mientras no exista claridad sobre el fin del confinamiento y sobre el control de la pandemia, y mientras no se sepa cómo va a quedar la economía posteriormente, será difícil que veamos una recuperación sostenida de los mercados.

 

La información suministrada en este documento está basada en criterios objetivos e información fiable, pero no constituye oferta, ni solicitud para comprar o vender el producto financiero analizado, quedando la opinión expresada en la fecha de emisión del análisis, sujeta a cambios experimentados por los mercados. Deutsche Bank no se responsabiliza de la toma de decisiones que se fundamenten en esta información".
Fuentes: Deutsche Bank Global Markets  y elaboración propia. Autoridad supervisora: Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV)
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