18 de agosto de 2022 // Educación financiera

¿En qué consiste la huella de carbono?

La huella de carbono es un instrumento crucial para prevenir las peores consecuencias del cambio climático, pero no es fácil calcularla con exactitud.

Este verano, los ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea se han comprometido a defender la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2030 en determinados sectores en un 61%1 en comparación con los niveles de 1990. Y esto representa un enorme aumento de 18 puntos porcentuales en comparación con el objetivo anterior. Al mismo tiempo, los líderes europeos apuestan ahora por un 55%2 en el recorte del total de las emisiones cuando hace tan solo dos años la cifra de referencia era un 40%. Es evidente que la lucha contra la contaminación y el CO2 está cobrando una velocidad vertiginosa.

La llamada huella de carbono es un instrumento clave en esta lucha, porque permite estimar todas las emisiones de gases de efecto invernadero que han tenido lugar para que se produzca un bien o se realice una actividad. Sin esa huella parece difícil incentivar unos sectores industriales frente a otros, una movilidad urbana e interurbana híbrida frente a la que representan los motores de combustión o incluso una gestión más sostenible y responsable de los plásticos que ahogan los océanos. Por eso, el Gobierno de España creó en 2014 el Registro de Huella de Carbono, Compensación y Proyectos de Absorción de CO23, y permitió que la Oficina Española de Cambio Climático lo utilizase para concederles un sello oficial a las pymes que calculen, reduzcan o compensen su huella.

La huella de carbono es un fenómeno que puede observarse a través de las empresas, claro, pero también desde la perspectiva de los países, donde, normalmente, la huella tiende a aumentar con la riqueza. El motivo es que también crecen con ella la demanda y generación de energía, los automóviles per cápita o la producción de carne y bienes industriales.

La población y la pujanza de la industria de combustibles fósiles son factores tan importantes como la riqueza. Por eso, las cinco naciones4 con más emisiones de CO2 en 2020 fueron China, Estados Unidos, India, Rusia y Japón, que también se encuentran entre las más pobladas del planeta. Al mismo tiempo, de los diez estados con mayor huella de carbono por habitante, nueve (Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Brunéi, Omán, Trinidad y Tobago, Arabia Saudí, Australia) no solo extrajeron grandes cantidades de combustibles fósiles del subsuelo, sino que muchos subsidiaron la gasolina de sus nacionales, lo que a su vez incentivó el consumo y la ineficiencia energética de la industria o los medios de transporte.

Probablemente, conforme avance la transición ecológica, la huella de carbono de los países dependerá cada vez más del peso de las energías renovables en su producción y consumo de electricidad, de la electrificación de todas las actividades productivas (empezando por la movilidad), del protagonismo del sector financiero en los proyectos sostenibles, de la intensidad de la economía circular o de la eficiencia energética de la industria, los edificios y los medios de transporte.

La huella de carbono también posee una dimensión individual. Todos podemos estimar más o menos la nuestra computando las emisiones que contribuimos a generar con nuestro consumo y las actividades que realizamos. La Universidad de Chicago5, por ejemplo, recomienda esta calculadora6 para estimar las emisiones individuales, que en algunos casos serán directas (como cuando vamos al trabajo en coche) y otras veces indirectas (como cuando, por ejemplo, llenamos la nevera de envases de leche sin tener en cuenta la contaminación que provocan tanto su producción como su transporte hasta el supermercado).

Tanto la huella de carbono individual como la nacional o la de las empresas se enfrentan a importantes dificultades a la hora de calcularlas con absoluta precisión. No es fácil reconstruir las emisiones de un coche desde su producción final hasta cada uno de los materiales que se adquieren y transportan desde los países emergentes. Tampoco es fácil determinar con certeza las emisiones de nuestras dietas o distinguir las de una empresa de las de otra del mismo sector pero con políticas de sostenibilidad totalmente distintas. Sin embargo, si algo nos han enseñado las consecuencias que ya hemos empezado a vislumbrar del calentamiento global, es que no se reduce lo que no se ve y que, a pesar de que las cifras exactas de la huella de carbono sean escurridizas, las necesitamos para seguir avanzando en esta gran marcha hacia un planeta más seguro y saludable.

1 https://ec.europa.eu/clima/eu-action/european-green-deal/delivering-european-green-deal/increasing-ambition-eu-emissions-trading_en
2 https://www.consilium.europa.eu/en/press/press-releases/2022/06/29/fit-for-55-council-reaches-general-approaches-relating-to-emissions-reductions-and-removals-and-their-social-impacts/
3 https://www.miteco.gob.es/es/cambio-climatico/temas/mitigacion-politicas-y-medidas/registro-huella.aspx
4 https://ourworldindata.org/co2-emissions
5 https://sustainability.uchicago.edu/involved/carbon_footprint_calculator/
6 https://calculator.carbonfootprint.com/calculator.aspx


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