17 de mayo de 2019

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Guerra comercial entre Estados Unidos y China, un enfrentamiento que nos afecta a todos

La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha entrado en una nueva fase de especial virulencia tras el último paso emprendido por la administración de Donald Trump y la consecuente respuesta del gigante asiático. El pasado 10 de mayo entró en vigor en Estados Unidos una subida arancelaria (del 10% al 25%) a determinados productos importados a China, entre los que están, entre otros, cereales, textiles, material de construcción, productos químicos y combustibles. En total, hasta 200.000 millones de dólares de importaciones afectadas. Como respuesta, China anunció el día 13 que impondría aranceles de entre el 5% y el 25% a 5.140 productos estadounidenses importados por China, por valor de 60.000 millones de dólares.

Las primeras consecuencias no han tardado en aparecer: incremento de volatilidad en las bolsas mundiales y temor a las consecuencias sobre el crecimiento mundial de esta nueva oleada proteccionista, sobre todo si la tensión sigue creciendo y Trump cumple con su amenaza de imponer aranceles a los 300.000 millones de dólares de importaciones desde China restantes, que incluyen ya productos de consumo mucho más relevantes, como smartphones, ordenadores, textiles… productos de los que los consumidores americanos son mucho más dependientes. Este supuesto sería realmente mucho más costoso para la economía mundial. En el caso de EEUU, el coste podría alcanzar hasta 2 puntos porcentuales de PIB en los 18 meses siguientes a dicha imposición, lo que implicaría dejar su economía al borde la recesión. En China, el coste podría reducir la tasa de crecimiento hasta el 4%, y la economía europea, pillada entre ambos, entraría sin duda en recesión. ¿Por qué entonces esta nueva ola de proteccionismo generada por Donald Trump?

Las medidas proteccionistas de la administración Trump

Esta vuelta al proteccionismo, que estaba dentro del programa electoral de Donald Trump, comenzó a concretarse el pasado año. Un año antes ya se había retirado del Trans-Pacific Partnership (TPP) pero no fue hasta enero del 2018 cuando comenzó a realizar medidas concretas. Ese mes elevó los aranceles hasta el 30% y el 50% a las importaciones de paneles solares y lavadoras. Dos meses más tarde, impuso aranceles del 25% y del 10%, con una exención temporal que finalizó en junio,  a las importaciones de acero y aluminio de la Unión Europea, México y Canadá, lo cual conllevó la imposición de medidas recíprocas por parte de las economías afectadas en contra de Estados Unidos en los meses de junio y julio.

Sin embargo, la principal medida proteccionista y de más importantes consecuencias hasta el pasado 10 de mayo se realizó el pasado verano y se centró en China. En julio y agosto del 2018 se establecieron aranceles del 25% sobre 50 mil millones de dólares de importaciones de bienes tecnológicos provenientes de este país asiático, lo que conllevó represalias chinas sobre un valor equivalente a importaciones procedentes de Estados Unidos.

En septiembre elevó los aranceles del 10% sobre 200.000 millones de dólares de importaciones de productos provenientes de China (los mismos que ahora ha elevado al 25%), generando de nuevo una represalia por parte del país asiático que anunció aranceles sobre 60 mil millones de importaciones de productos estadounidenses (gran parte de ellos quedaron en suspenso, y China los ha recuperado esta semana). Desde entonces hasta ahora ha existido una especie de “tregua” tácita entre los dos gigantes económicos que Estados Unidos ha hecho estallar en este mes de mayo.

Porqué Estados Unidos vuelve al proteccionismo

China es un punto clave en la agenda geopolítica de la administración republicana actual en su afán de seguir manteniéndose como país líder mundial a nivel económico. Por ello busca corregir su importante déficit bilateral comercial con China que asciende a 20.750 millones de dólares solo en el primer trimestre de 2019 (el 70% del déficit total de EEUU).

En este sentido, uno de los principales frentes abiertos es la exigencia del cumplimiento en materia de patentes, campo en el que, si continúa la progresión actual, China también superará a Estados Unidos en el corto plazo. En este contexto se enmarca la investigación sobre la apropiación ilícita de tecnología estadounidense por parte de empresas chinas, cuya “cabeza de turco” más visible es la empresa de telecomunicaciones Huawei. En esta misma semana, el 15 de mayo, Donald Trump firmó una Orden Ejecutiva (algo parecido a un Decreto-Ley español) que abre las puertas a la prohibición a las empresas tecnológicas chinas Huawei y ZTE a operar en Estados Unidos. En esta orden declara oficialmente una "emergencia nacional" en el sector de las telecomunicaciones y autoriza al Departamento de Comercio a "prohibir transacciones que supongan un riego inaceptable" para la seguridad nacional. Está medida puede dejar muy atrás a Estados Unidos en el desarrollo de la tecnología móvil 5G que lidera China y la Unión Europea, esta última con muchos acuerdos con empresas chinas, entre las que se encuentra Huawei.

Por último, Estados Unidos también reclama que China abandone la política de intervención del tipo de cambio de su divisa, el yuan o renminbi, en los mercados internacionales, la que consideran sometida a una banda de fluctuación demasiado rígida y controlada desde su banco central. Un punto, como los anteriores, de complicado cumplimiento por parte de China, que no acepta ningún tipo de injerencia en su política económica.

¿Qué podemos esperar ahora?

El comportamiento de las bolsas esta semana, con altibajos, muestra que en el fondo, la mayor parte de los inversores confían en que la guerra comercial no irá mucho más allá, pues a ninguno de estos países les interesa poner en riesgo el actual crecimiento económico. Se espera ahora que en la próxima reunión del G20 de finales de junio se produzca algún tipo de acercamiento entre ambas partes, si como parece, se produce un encuentro en dicha reunión entre Donald Trump y el presidente chino Xi.

En el plano más cercano, las subidas de aranceles hasta el momento, si bien no impactan directamente al comercio de la Unión Europea, sí lo hacen indirectamente, dado que afecta a la producción de empresas europeas en EEUU (y que comercian con China), y también, suponen un deterioro de la confianza y un incremento de la incertidumbre sobre la economía global. Por ejemplo, la confianza de los inversores alemanes ha caído en 2,1 puntos el mes de mayo frente a los 3,1 puntos que subió en el mes de abril, ante esta nueva escalada en la guerra comercial y sus posibles consecuencias sobre las exportaciones germanas.

El temor principal de la UE es que también se impongan aranceles sobre el automóvil, una industria vital en varios países de la UE, principalmente Alemania. Esta semana al menos hemos sabido que la Administración Trump aplaza en seis meses cualquier tipo de arancel sobre este sector. Hay que recordar que actualmente las ventas de vehículos a Estados Unidos suponen 13% de las exportaciones totales a este país por parte de la UE. En el lado contrario, para Estados Unidos resultan especialmente significativas las exportaciones de aviones a la UE, un 10,6% del total, que podrían ser objeto de represalias por parte de la Unión Europea. De momento, las subidas de aranceles a Europa se han limitado, además del acero y el aluminio, a un número pequeño de productos de impacto económico poco relevante. En España, por ejemplo, el arancel sobre la aceituna de mesa, aunque llamativo, supone solo un impacto económico de unos 28 millones de dólares, los cuáles serán compensados en parte con ayudas comunitarias.

El principal efecto contagio se dará previsiblemente en los países emergentes, principalmente asiáticos, que exportan materias primas a China e incorporan una elevada proporción de inputs a sus productos, los cuáles sufrirán junto a China la mayor caída en su PIB.

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La información suministrada en este documento está basada en criterios objetivos e información fiable, pero no constituye oferta, ni solicitud para comprar o vender productos financieros, quedando la opinión expresada en la fecha de emisión del análisis, sujeta a cambios experimentados por los mercados. Deutsche Bank no se responsabiliza de la toma de decisiones que se fundamenten en esta información.
Fuentes: Office of the United States Trade Representative. Implementing Modification to Section 301 Action: China’s Acts, Policies, and Practices Related to Technology Transfer, Intellectual Property, and Innovation. 9 de mayo de 2019; Las recientes tendencias proteccionistas en el ámbito comercial y su impacto sobre la Unión Europea. Francesca Viani. Boletín económico 2/2019, artículos analíticos. Banco de España; Executive Order on Securing the Information and Communications Technology and Services Supply Chain. The White House. 15 de mayo de 2019; The Return to Protectionism. Pablo D. Fajgelbaum, Pinelopi K. Goldberg, Patrick J. Kennedy, Amit K. Khandelwal. UCLA. 10 de marzo de 2019; Confianza Inversores Alemania mayo 2019. ZEW finanzmarktreport; y elaboración propia.
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